El temporal ha dejado al menos cinco personas fallecidas, cuatro desaparecidas y cerca de 100.000 personas aisladas por el corte de carreteras tras el desborde de ríos y deslizamientos de tierra. Las regiones de Coquimbo y Atacama, donde las lluvias intensas son poco comunes, son las más afectadas. Ante la emergencia, el presidente José Antonio Kast decretó estado de catástrofe y ordenó el despliegue del Ejército para apoyar las labores de rescate y asistencia.
Las inundaciones y el barro han destruido o dejado con daños graves más de 1.100 viviendas, mientras unas 2.200 personas resultaron damnificadas. En varias zonas rurales, militares utilizaron tractores para rescatar a familias atrapadas. Las autoridades calificaron el fenómeno como «anormal y extremo», al señalar que en algunas localidades cayó en una hora el equivalente a un mes completo de lluvia.
La emergencia también provocó interrupciones en el suministro de agua potable y dejó a unas 150.000 personas sin electricidad en distintas regiones del país. Además, las fuertes marejadas y ráfagas de viento de más de 100 kilómetros por hora obligaron a restringir las operaciones en decenas de puertos, mientras la Dirección Meteorológica advirtió que Chile no enfrentaba un temporal de esta magnitud desde hace más de 20 años.