La OTAN puso a prueba un escenario poco habitual en las aguas de Islandia: fuerzas europeas y canadienses asumieron el protagonismo de las operaciones antisubmarinas sin barcos ni aviones estadounidenses participando directamente en esa fase de las maniobras. Durante el ejercicio Northern Viking 2026, aeronaves de vigilancia alemanas, buques canadienses y cazas belgas practicaron la detección y seguimiento de submarinos en el Atlántico Norte, una tarea históricamente respaldada de manera decisiva por Estados Unidos.
El punto central fue la brecha GIUK, el corredor marítimo entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido, considerada una de las puertas estratégicas del Atlántico. Los submarinos rusos desplegados desde sus bases del norte deben atravesar esta zona para acceder al océano y aproximarse a las rutas que conectan Norteamérica con Europa. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos convirtió precisamente la base islandesa de Keflavík en uno de sus principales puntos para vigilar esos movimientos soviéticos. La OTAN considera que controlar nuevamente este corredor sería fundamental en caso de un conflicto con Rusia.
La ausencia de medios navales y aéreos estadounidenses en estas prácticas antisubmarinas cobra relevancia ante el intento de Washington de reducir parte de su carga militar en Europa y exigir que sus aliados asuman mayores responsabilidades.
No significa, sin embargo, que Estados Unidos haya abandonado Northern Viking: militares estadounidenses sí participaron en otras áreas del ejercicio, que incluso fue organizado conjuntamente por Washington e Islandia.