En medio de edificios reducidos a escombros, un puño en alto se ha convertido en símbolo de silencio y esperanza. Cuando los rescatistas levantan la mano, todos detienen sus movimientos para escuchar posibles señales de vida. Más de 48 horas después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente colombiano, equipos de emergencia, soldados y voluntarios continúan trabajando en Cali, Pereira y otras zonas afectadas, removiendo toneladas de concreto con maquinaria pesada, perros especializados y, en muchos casos, con sus propias manos.

Según el último balance, se contabilizan al menos 241 personas fallecidas y miles de heridos, mientras cientos continúan desaparecidos y las autoridades mantienen la alerta roja en varias ciudades. Sin embargo, algunos rescates han renovado la esperanza: una mujer fue localizada con vida después de más de 35 horas bajo los escombros en Cali, mientras un bebé de pocos meses también fue encontrado con vida. En otro operativo, los socorristas lograron recuperar a una mascota que permaneció 48 horas atrapada entre las ruinas.

La carrera contra el tiempo continúa mientras familiares permanecen cerca de los puntos de rescate, esperando escuchar una voz detrás de los muros derrumbados. En las calles, miles de voluntarios han formado cadenas humanas para retirar escombros y llevar alimentos, agua y suministros a las zonas afectadas.

La respuesta también ha comenzado a adquirir una dimensión internacional. Estados Unidos, El Salvador, Ecuador e Israel enviarán equipos especializados de búsqueda y rescate para reforzar a los grupos colombianos, mientras México ya incorporó a los Topos Aztecas a las labores en Cali.
Además, Colombia ha comenzado a recibir ayuda humanitaria, incluida la enviada desde México y 51 toneladas de alimentos, medicinas y otros suministros procedentes de El Salvador, en una muestra de solidaridad regional mientras continúa la búsqueda de quienes aún podrían estar con vida.