La policía de Polonia mantiene rodeado la sede del Tribunal Constitucional en respuesta a un choque institucional de máxima gravedad que enfrenta al primer ministro, Donald Tusk, con sus dos grandes rivales políticos: Jaroslaw Kaczynski y el actual presidente del país, Karok Nawrocki.
La situación estalló luego que en el sitio web del Tribunal informará que su actual presidente, Bogdan Swieczkowski y su vicepresidente Barlomiej Sochanski, habían sido suspendidos de sus funciones durante un mes por orden de la jueza Anna Korwin Piotroska, haciendo que sus perfiles desaparecieran del portal oficial.

Los motivos para apartarles, según medios locales, se deben, por un lado, al bloqueo presupuestario, al impedir la correcta convocatoria de la Asamblea General del Tribunal para aprobar el proyecto de presupuesto de la institución de cara a 2027 con la participación de todos los magistrados; y, por otro, a la manipulación de casos, al haber designado tribunales para conocer los casos de forma «arbitraria e irregular», omitiendo deliberadamente a los jueces debidamente elegidos por la nueva mayoría parlamentaria.

Al conocer la gravedad de los acontecimientos en pleno vuelo oficial, el presidente Karol Nawrocki ordenó dar media vuelta a su avión procedente de Senegal, anunciando que aterrizaría en Varsovia para reunirse de urgencia con el primer presidente del Tribunal Supremo, Zbigniew Kapiński, proclamando que «en un momento así, el presidente debe estar en Polonia».
Por su parte, Donald Tusk defendió su actuación en redes sociales señalando que la restauración del Estado de derecho «es un deber» y que, tras años de arbitrariedad del anterior gobierno, ha comenzado «un proceso difícil, a veces doloroso, que requiere una acción decidida» porque «no hay otro camino».
