Los afectados por el terremoto de magnitud 7.6 que sacudió el centro de Panamá continúan a la espera de que se agilice la entrega de ayuda humanitaria, mientras cientos de personas permanecen sin un refugio seguro, tras perder sus viviendas o sufrir daños graves en sus estructuras.
El movimiento telúrico, que dejó alrededor de una treintena de heridos, impactó principalmente comunidades de las provincias de Los Santos, Herrera, Coclé y Veraguas, donde las labores de asistencia enfrentan dificultades debido a las condiciones de acceso a las zonas más remotas.
De acuerdo con cifras del gobierno panameño, más de 2,000 personas resultaron damnificadas y cerca de 900 viviendas y 400 centros educativos presentan daños. El terremoto también afectó hospitales, iglesias, edificios públicos, puentes y carreteras, y ha obligado a mantener suspendidas las clases durante este lunes.

En varias comunidades, donde todavía se registran interrupciones del servicio eléctrico, los habitantes solicitan agua potable, alimentos y otros suministros esenciales.
Por su parte el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, aseguró el domingo que el gobierno llevará asistencia a las comunidades más perjudicadas. “Se les va a llevar comida y agua”, afirmó al referirse a las personas de las regiones “que más lo necesitan”. Sin embargo, explicó que la distribución se ha complicado porque varias carreteras permanecen “bloqueadas”, lo que dificulta el traslado de los recursos.

Para responder a la emergencia, Mulino decretó el sábado el estado de emergencia, una medida que permite gestionar 100 millones de dólares destinados a la asistencia humanitaria y la atención de los daños ocasionados por el sismo.