Unas 575 mil personas salieron nuevamente a las calles de Francia para exigir un salario digno y protestar contra el alto coste de la vida, en una jornada que reunió tanto a trabajadores en huelga como a estudiantes.
Como en otras ocasiones los manifestantes cometieron actos vandálicos como disturbios y saqueos.
Las protestas acumulan varias semanas en las que desestabilizan los últimos meses de mandato del presidente Emmanuel Macron, quien debe entregar su puesto en mayo.
Los sindicatos piden una revalorización del salario mínimo interprofesional y una subida general de los sueldos, más justicia fiscal y la preservación de los servicios públicos.
También dan apoyo a los estudiantes de liceo que reclaman desde septiembre mejores condiciones de estudio.

La pérdida de poder adquisitivo, simbolizada en el alza de los precios del combustible, está en el centro del creciente malestar social.
Pero el gobierno tiene un margen de maniobra limitado, máxime cuando busca sanear las arcas públicas con un fuerte ajuste fiscal en 2027.
En Francia, la segunda economía de la Unión Europea, una de cada dos personas declara que le resulta difícil salir adelante con los recursos de su hogar, según el barómetro publicado el miércoles por varias organizaciones, entre ellas la principal central sindical.
Los chalecos amarillos llamaron a una concentración el sábado en la plaza de la Concordia en París, pese a que está prohibida. Sindicatos y grupos de defensa del derecho a la vivienda de siete países también convocaron “manifestaciones coordinadas” contra el aumento del costo de la vida para finales de noviembre.