La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, informó este jueves una nueva actualización del balance oficial por los terremotos registrados el pasado 24 de junio, elevando la cifra a 2,595 personas fallecidas y 12,400 heridas.
La funcionaria también reiteró que el gobierno mantiene un proceso de identificación individual de cada una de las víctimas y descartó la utilización de fosas comunes.
Soundbite: Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela.
“De entrada dije “nadie va a fosa común”. Y le di la orden al vicepresidente sectorial. Lo primero, reconocimiento por huella y fotografía. En los casos donde no ha sido posible, vamos a dentadura forense. Tenemos todos los médicos forenses en esa labor que ha permitido que cada cadáver tenga un expediente que le permita su reconocimiento”.
La mandataria aseguró que la respuesta gubernamental ante la emergencia fue inmediata y defendió las acciones implementadas tras el desastre, afirmando que el despliegue de efectivos militares y policiales se ordenó pocas horas después de ocurridos los movimientos sísmicos.
Hasta ahora, los reportes oficiales no incluyen una cifra de personas desaparecidas. Sin embargo, el Ejecutivo indicó días atrás que al momento de los terremotos había aproximadamente 30,000 personas en el estado La Guaira.

De ese total, 6,461 fueron rescatadas, mientras que más de 13,000 lograron salir por sus propios medios o con ayuda de familiares y vecinos. Sobre el paradero del resto de las personas no se ha ofrecido información oficial.
Por su parte, Naciones Unidas estima que alrededor de 50,000 personas permanecen desaparecidas y calcula que casi ocho millones de habitantes requieren asistencia humanitaria como consecuencia de la emergencia.
El organismo internacional también proyecta que las pérdidas económicas ascienden a 6,700 millones de dólares, una cifra equivalente al 6% del Producto Interno Bruto del país, que ya enfrentaba una prolongada crisis económica.
Además de las víctimas fatales y los heridos, el desastre dejó a miles de familias sin vivienda. Muchas de ellas permanecen alojadas en estacionamientos, instalaciones deportivas y campamentos improvisados al aire libre, con acceso limitado a alimentos y otros recursos básicos.