Los tentáculos de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, también alcanzaron Sudamérica. Y en Argentina, según investigaciones periodísticas y expedientes judiciales, no fue él quien desembarcó personalmente, sino su círculo más cercano: familiares y operadores que habrían montado una estructura empresarial bajo sospecha de lavado de dinero.

Aunque Oseguera nunca residió en territorio argentino, su entorno directo se instaló en Buenos Aires y desarrolló un entramado de inversiones y sociedades comerciales que hoy figura en causas judiciales por presunto blanqueo de capitales. La trama expone una dimensión menos visible del crimen organizado: la financiera, silenciosa y sofisticada, capaz de insertarse en mercados formales lejos de los focos de violencia.

Entre 2007 y 2012 se radicó en Argentina Gerardo González Valencia, cuñado de Oseguera y una de las figuras clave de Los Cuinis, señalados como el brazo financiero del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), de acuerdo con reportes periodísticos. González Valencia llegó al país con su esposa y sus tres hijos, y se instaló en un departamento del exclusivo Faena Hotel Buenos Aires, en Puerto Madero, una de las zonas más caras de la capital.

La familia llevaba un estilo de vida de alto poder adquisitivo. Sus hijos asistían a un colegio privado de perfil internacional, mientras se consolidaban inversiones inmobiliarias de alto valor y un flujo relevante de fondos provenientes del exterior. Esa combinación —patrimonio, movimientos de dinero y estructura societaria— encendió alertas y derivó en una investigación en el fuero federal argentino.

En paralelo, la red desplegó actividades comerciales. Según reportes de LA NACION, una de las piezas centrales fue el minimarket Corner Mi Lugar, ubicado en Puerto Madero, que operó como parte de una estructura vinculada a la sociedad Círculo Internacional S.A. El diario informó que esa firma recibió transferencias millonarias desde México, movimientos que quedaron bajo análisis de la Unidad de Información Financiera (UIF), el organismo argentino encargado de prevenir el lavado de activos.

De acuerdo con esas investigaciones, las operaciones habrían integrado un esquema más amplio destinado a canalizar y “lavar” fondos presuntamente provenientes del narcotráfico. También se reportó que la Justicia puso bajo la lupa movimientos por alrededor de US$1,8 millones, en una causa que incluyó procesamientos y acuerdos judiciales con algunos colaboradores locales.

Tanto Clarín como LA NACION coinciden en un punto central: la presencia del entorno de “El Mencho” en Buenos Aires no respondió a una expansión violenta del cártel en términos territoriales, sino a una lógica de diversificación de inversiones y de utilización de empresas formales para mover dinero fuera de México. Es decir, una estrategia de penetración financiera antes que una demostración de fuerza.

El caso dejó en evidencia cómo las redes del crimen organizado transnacional pueden adaptarse a entornos urbanos y economías abiertas mediante bienes raíces, sociedades comerciales y emprendimientos aparentemente legales. Para los investigadores, la experiencia también puso sobre la mesa desafíos persistentes en materia de control financiero, trazabilidad de fondos y cooperación internacional contra el lavado de activos.

Durante años, la figura de Oseguera estuvo asociada casi exclusivamente a la violencia del narcotráfico en México. Pero su sombra en Buenos Aires revela otra cara del fenómeno: la capacidad de las organizaciones criminales para operar en silencio, a miles de kilómetros de sus bases, dentro de circuitos económicos legales y con una apariencia de normalidad.