Estados Unidos aumentó la presión sobre México para endurecer la ofensiva contra los cárteles de la droga. Durante una reunión en Washington, el secretario de Estado, Marco Rubio, pidió al canciller mexicano Roberto Velasco adoptar “medidas decisivas” para desmantelar a las organizaciones criminales, cortar su acceso a armas y detener el tráfico de fentanilo y otras drogas hacia territorio estadounidense. Washington también incluyó entre sus exigencias nuevas acciones contra la migración irregular.
El planteamiento llega mientras la administración de Donald Trump mantiene designados a varios cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras y busca ampliar su margen de acción contra ellos.
México, sin embargo, marcó nuevamente una línea roja: Velasco defendió que la cooperación debe mantenerse bajo los principios de respeto a la soberanía e integridad territorial, responsabilidad compartida y “colaboración sin subordinación”. La posición mexicana cobra relevancia ante el interés de Washington por ampliar las operaciones conjuntas contra el narcotráfico, una posibilidad frente a la que el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha expresado reservas.
México respondió además mostrando resultados de su estrategia: durante 2026 ha detenido a importantes líderes criminales y entregado a Estados Unidos a 92 presos considerados de alta peligrosidad. En paralelo, Washington también presiona para que México actúe contra funcionarios y exfuncionarios señalados por presuntos vínculos con el narcotráfico.