El 2026 ya está marcado por una intensa actividad sísmica que ha dejado miles de muertos, ciudades dañadas y pérdidas multimillonarias. El caso más devastador ocurrió en Venezuela el 24 de junio, cuando dos fuertes terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, golpearon el norte del país.

El desastre dejó alrededor de 6.000 fallecidos, cerca de 17.000 heridos y daños físicos estimados por el Banco Mundial en unos USD 19.600 millones, principalmente en viviendas e infraestructura.
Colombia se convirtió en agosto en otro de los grandes focos de la tragedia. El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto golpeó especialmente el occidente del país y, hasta este 14 de agosto, deja al menos 285 muertos, casi 4.000 heridos y cientos de desaparecidos. Más de 100.000 personas han resultado desplazadas, mientras continúan las operaciones de búsqueda y la evaluación de los daños económicos.

Japón también sufrió el 28 de julio un terremoto de magnitud 7,1 en Kumamoto, con 39 fallecidos, cientos de afectados y más de 9.000 personas obligadas a permanecer temporalmente en refugios.
Otros movimientos demostraron que la magnitud no siempre determina el nivel de destrucción. Indonesia registró el 16 de junio un terremoto de 6,7 en Sulawesi, que dejó al menos un muerto, 38 heridos y daños en viviendas, carreteras y edificios públicos.
Afganistán, por su parte, sufrió el 3 de abril un sismo de magnitud 5,8 que provocó 12 muertes, pese a ser considerablemente menos potente. En ambos casos, la vulnerabilidad de las construcciones y la cercanía de comunidades al área afectada elevaron las consecuencias humanas.
Entre los terremotos más fuertes del año también figura el de magnitud 7,5 registrado cerca de Tonga el 24 de marzo. A pesar de su potencia, su ubicación en el océano y profundidad evitaron una catástrofe comparable con Venezuela o Colombia. Hasta agosto, Venezuela continúa siendo el terremoto más letal y costoso de 2026, seguido por la reciente tragedia colombiana.