Colombia afronta una doble emergencia tras el inicio del Gobierno de Abelardo De la Espriella: mientras soldados, policías y voluntarios trabajan entre los escombros del terremoto de magnitud 7,4, unidades de las Fuerzas Militares enfrentan ataques de grupos armados. La escalada de violencia supone uno de los primeros desafíos de seguridad para la nueva administración.
Uno de los ataques más graves ocurrió este miércoles en Algeciras, Huila, donde tropas de la Novena Brigada fueron emboscadas con explosivos y ráfagas de fusil cuando verificaban un cilindro bomba. El ataque, atribuido a disidencias de las FARC, dejó muertos al cabo primero Yony Alejandro Andrade Lizcano y al soldado Luis Felipe Muñoz Lizcano, además de varios uniformados heridos, evacuados hacia Neiva.

La ofensiva ocurre después de que De la Espriella anunciara el fin de los diálogos de paz con los principales grupos armados y ordenara combatir a las estructuras criminales. En Norte de Santander, el Ejército informó además de la muerte de dos integrantes del ELN y la incautación de 1,5 toneladas de explosivos, 440 granadas para drones y otro material de guerra, en medio de la disputa territorial entre el ELN y disidencias de las FARC.

En paralelo, Colombia anunció su incorporación al Escudo de las Américas, la coalición anticrimen impulsada por el Gobierno de Donald Trump para combatir a los cárteles de la droga. El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció que De la Espriella autorizó formalmente operaciones militares conjuntas entre ambos países contra el narcoterrorismo.