El flujo migratorio de cubanos a través de Centroamérica ha tomado un nuevo rumbo. En Danlí, Honduras, cerca de la frontera con Nicaragua, decenas de migrantes esperan en un centro de atención para continuar su viaje hacia el norte. Algunos lograron pagar hasta 1.700 dólares para volar desde La Habana a Managua y evitar las travesías más peligrosas. Sin embargo, el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos ha sembrado la duda sobre su destino final.

Regla Martínez, de 70 años, es una de las muchas personas que han cambiado sus planes. Su sueño de reencontrarse con su hija y sus nietas en EE.UU. se ha desvanecido, y ha decidido establecerse en México.

La era en la que los cubanos eran tratados como migrantes privilegiados en Estados Unidos quedó atrás, especialmente tras la llegada de Donald Trump a la presidencia. Su administración ha suspendido beneficios humanitarios creados por Joe Biden y ha ordenado la revocación del estatus legal de cientos de miles de cubanos, haitianos y venezolanos, dándoles semanas para abandonar el país.

Las cifras reflejan el impacto de estas políticas. Mientras que en 2024 Honduras registró el paso de aproximadamente 370.000 migrantes, incluyendo 60.000 cubanos, este año el número ha disminuido drásticamente. Hasta el 6 de marzo, el Instituto Nacional de Migración reportó la entrada de cerca de 9.000 migrantes, de los cuales 3.448 son cubanos.

El fenómeno migratorio ahora muestra una nueva tendencia: algunos venezolanos y colombianos que llegaron con la esperanza de alcanzar Estados Unidos han optado por regresar a sus países ante el creciente riesgo de deportación.