La guerra entre Ucrania y Rusia sigue sin una salida clara, pese a que los presidentes Volodímir Zelensky y Vladímir Putin han declarado su deseo de ponerle fin. Sin embargo, ambos mantienen posturas firmes y objetivos opuestos, lo que ha impedido un acuerdo real.

En medio de este escenario, el presidente de EE. UU., Donald Trump, busca posicionarse como mediador y asegura que puede resolver el conflicto, sumándolo a lo que él llama su “lista de guerras detenidas”.

Trump sostiene haber logrado acuerdos en seis conflictos armados, entre ellos los enfrentamientos entre el Congo y Ruanda, Armenia y Azerbaiyán, India y Pakistán, Egipto y Etiopía, Tailandia y Camboya, y Serbia y Kosovo.

Según el mandatario, su estrategia no se basa únicamente en ceses al fuego, sino en lograr “acuerdos sustanciales”, como afirmó tras reunirse por separado con Putin y Zelensky.

Durante una reunión con líderes europeos, incluido el presidente ucraniano, Trump insistió en su rol como “pacificador mundial” y en su aspiración al Premio Nobel de la Paz.

También recordó su intervención en conflictos históricos como el genocidio de Ruanda o la disputa territorial en Cachemira, aunque en varios casos no hay evidencia clara de que sus gestiones hayan cambiado el rumbo de los acontecimientos.

A pesar de sus declaraciones, muchos de los enfrentamientos que dice haber resuelto continúan activos o han retomado la violencia poco después de los presuntos acuerdos. En algunos casos, como el de Serbia y Kosovo o Israel e Irán, los propios líderes involucrados han cuestionado públicamente las afirmaciones del mandatario estadounidense.

Entre gestos diplomáticos, aranceles estratégicos y publicaciones en Truth Social, Donald Trump organiza una cumbre trilateral entre él, Zelensky y Putin, busca consolidar su imagen como mediador internacional.