La crisis política en Bolivia comenzó luego de las elecciones presidenciales de octubre de 2019, cuando sectores de la oposición denunciaron irregularidades en el conteo de votos que daban como ganador al entonces presidente Evo Morales para un cuarto mandato consecutivo.

Las protestas crecieron en todo el país y durante varias semanas hubo bloqueos, enfrentamientos y tensión política. La situación se agravó cuando la OEA habló de anomalías en el proceso electoral y aumentó la presión contra el gobierno.
En medio de la crisis, la Policía se rebeló en varias ciudades y las Fuerzas Armadas pidieron públicamente la renuncia de Morales. Poco después, el mandatario anunció su dimisión y salió hacia México denunciando que había sido víctima de un golpe de Estado.

Desde ese momento comenzó el debate sobre si lo ocurrido fue una renuncia provocada por la presión social o un golpe de Estado. Los seguidores de Morales aseguran que militares y policías forzaron su salida, mientras que la oposición sostiene que todo ocurrió por las denuncias de fraude y el rechazo ciudadano.
Tras la salida de Morales, la senadora Jeanine Áñez asumió el poder de forma interina en medio de fuertes divisiones políticas, protestas y operativos de seguridad que dejaron nuevas víctimas, dejando un panorama de caos y descontrol en el país.